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El blog del Menuario

3/5/2017

Planificar las comidas para ganar tiempo y salud

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En Menuario insistimos mucho en la importáncia de planificar los menús de la família. Pero, ¿cuáles son las ventajas de hacerlo? hablamos de ello en este artículo escrito para el Diari de l'Educació y el Diari de la Sanitat.

Hace una bonita tarde de primavera. El día empieza a ser más largo y a la salida del colegio un grupo de padres se quedan en el parque más cercano para que los niños puedan jugar mientras ellos charlan un rato. ¡Con la tarde tan bonita que hace, apetece mucho! Cuando ya llevan un buen rato en el parque, una madre dice: “Uy, yo me voy que todavía tengo que pasar por el súper a buscar algo para cenar“. Los niños refunfuñan, pero ante la insistencia de la madre, se despiden de los amigos resignados. Llegan al supermercado y de golpe tienen un hambre tremenda. Patatas, galletas, refrescos… falta una hora para cenar y vienen de pasar dos horas corriendo, ¡claro que tienen hambre y sed!

 

La madre, que quería comprar algo para cenar, acaba comprando cualquier cosa para cenar, y tiene que marchar corriendo si no quiere que los niños salgan ya cenados del supermercado.

Esta familia probablemente acabará cenando algún plato procesado o precocinado que poco tendrá que ver con el plato equilibrado del que siempre nos hablan los expertos. Esta situación se da muy a menudo en hogares, ya sea porque los hijos se han quedado jugando en el parque, porque salen tarde de las extraescolares o debido al trabajo de los padres. Con las prisas y el cansancio, es muy habitual que las cenas acaben siendo un pesado trámite en muchas casas y no el acto placentero y de reencuentro familiar que tendría que ser. Y esto tiene múltiples consecuencias.

La primera es en el ámbito nutricional: la comida procesada o precocinada contiene un exceso de sal, azúcar y grasas saturadas alarmante, que provocan una creciente tasa de obesidad infantil y la aparición de enfermedades típicas de la edad adulta en niños cada vez más jóvenes. La otra consecuencia es a nivel afectivo. La cena es, en la mayoría de casos, la única comida que las familias podemos hacer juntas entre semana. Después de haber estado todo el día separados es, en realidad, el único rato que tenemos para hablar, saber cómo ha ido el día de los hijos y que ellos conozcan el nuestro. ¡Pero no sólo esto! Varios estudios demuestran la importancia de comer en familia para la adquisición de buenos hábitos alimentarios, para reducir el riesgo de sufrir trastornos de conducta alimentaria (como la anorexia y la bulimia nerviosas, o el sobrepeso y la obesidad) y también para el desarrollo afectivo, la transmisión de valores y la socialización de los niños.

Así pues, ¿qué podemos hacer los padres? PLANIFICAR. A no ser que seamos unos cracks de la improvisación en la cocina, la planificación es la única forma de asegurar que seguiremos una dieta equilibrada durante toda la semana (o al menos, en la mayoría de días).

Planificar tiene la ventaja que se toma la decisión de lo que comeremos mucho antes que el hambre o las prisas lleguen. Por lo tanto, es una decisión razonada y pensada, en función de lo que los niños han comido en la escuela y siguiendo unas pautas equilibradas. La otra ventaja es que permite planificar la compra con antelación. Al fin y al cabo, lo que nos causa dolores de cabeza no es el acto de preparar la cena, sino el hecho de decidir la comida a cocinar en función de lo que tenemos en la nevera. Si ya lo tenemos previsto, preparar la cena no acostumbra a tomar más de 15/20 minutos.

PLANIFICAR tiene también una ventaja de la cual no somos conscientes en nuestro día a día: los niños aprenden a comer bien. Si transmitimos a los hijos que preparar la cena es una actividad estresante, también lo será para ellos, ahora y cuando sean mayores. Sin embargo, si les hacemos partícipes de todo el proceso de alimentarse, les llevamos al mercado, les dejamos experimentar en la cocina y les explicamos por qué es importante comer de todo, es más probable que continúen con estos hábitos cuando sean adultos.

Los hábitos para seguir una dieta equilibrada no se pueden aprender de un día para otro. Es sólo con paciencia, mucha paciencia, y el ejemplo de los padres, que los niños aprenden qué es lo que se tiene que comer y el porqué. Hay que enseñarles que es importante comer de todos los grupos de alimentos: los hidratos (como la pasta, el arroz, las patatas, la quinua, el mijo, el pan…) que les aportarán energía para poder jugar, hacer deporte y estudiar; las frutas y las verduras, que les proporcionan agua, fibra y vitaminas para que el cuerpo funcione correctamente, y las proteínas, ya sean de origen animal (como la leche, la carne, el pescado o los huevos) o de origen vegetal (como las legumbres), que forman parte de las estructuras de su cuerpo y reparan los tejidos.

Vivimos en un entorno muy influenciado por la publicidad de alimentos que son muy atractivos para los niños, pero que no les aportan ningún tipo de beneficio nutricional. ¡Al contrario! Enseñarles a ser críticos, a saber gestionar la frecuencia de consumir cada tipo de alimento y a adquirir unos buenos hábitos de salud, es el mejor aprendizaje que como padres les podemos transmitir.

 

Artículo disponible en Diari de l’Educació y Diari de la Sanitat.

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